Introducción

La fotografía debe expresar lo que no pueden expresar las palabras. La fotografía no es periodismo ni literatura. La fotografía es un arte mudo que se hace fuerte en el silencio. El fotógrafo no habla, el fotógrafo tan sólo señala. Señalar es aislar y delimitar el mundo. La fotografía es el arte fragmentario por excelencia. No vemos el mundo como es sino como somos. Una fotografía que se define de antemano es una fotografía muerta. Una fotografía viva es aquella que se crea y actualiza con la mirada.

Debemos dar cuenta de los acontecimientos de una época. El arte es como un sismograma que mide las convulsiones de lo social. Fotografiar el archivo, remuestrear sus documentos en busca de una punzada en el inconsciente. Hacer una arqueología del presente. Explorar la dimensión fotográfica del movimiento, donde aparecen superposiciones, destellos y analogías inesperadas. Elementos marginales que afloran como interferencias psicoanalíticas. Contigüidades que generan metáforas: imágenes de imágenes en un doble distanciamiento con lo real. Nos encontramos en la vorágine de la memoria; en el reino hiperreal del simulacro. Vemos las fantasmagorías de un mundo administrado, los sueños de la razón instrumental. En la era del vacío la desinformación de masas se hace omnipresente. ¿Es esto lo real? Al final la práctica artística produce una paradoja: el paroxismo estético nos lleva a la autoconciencia.

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